Gran Canaria con niños: diversión en familia bajo el sol
Gran Canaria ofrece grandes dosis de diversión y aventura para todas las edades
Menciona Gran Canaria y la mayoría se imagina playas bañadas por el sol, cócteles de colores y tardes perezosas que se funden sin esfuerzo con animadas noches. Pero si viajas con toda la prole en lugar de con una jarra de sangría, te alegrará saber que la isla también ofrece un sinfín de aventuras para disfrutar en familia.Imagina Gran Canaria como un gigantesco parque de recreo donde los volcanes, las playas de arena y los delfines comparten protagonismo con los parques temáticos y las zonas de juegos acuáticos. Un destino que consigue contentar a todo el mundo, desde adolescentes malhumorados pegados al móvil como si se lo hubieran cosido a la mano hasta niños pequeños con los ojos como platos y ambiciosos planes para construir castillos de arena gigantes.
Playas pensadas para familias
Empecemos por donde empiezan casi todas las vacaciones: la playa.
Gran Canaria tiene muchas, pero Playa de Amadores se merece una estrella de oro para las familias. Su bahía en forma de herradura, protegida por espigones rocosos, ofrece aguas tranquilas que hasta quienes más miedo tienen a mojarse pueden disfrutar. No tendrás que participar en un juego de «rescátame de las olas» cada cinco minutos, lo cual siempre es de agradecer.
Por su parte, Playa de Las Canteras en la capital, Las Palmas, tiene un ambiente más local. Detrás de su arrecife natural encontrarás charcas poco profundas entre las rocas, donde los niños pueden buscar cangrejos mientras tú te tomas a escondidas un cortado en un chiringuito cercano. Todos salen ganando.
También puedes ir a Anfi del Mar. La arena caribeña importada hace que el lugar parezca sacado de un folleto de viajes de lujo, y a los más pequeños les encantarán los patines acuáticos con forma de cisnes gigantes. Un poco surrealista, pero encantador.
Una cita con los delfines
Los niños tienen una habilidad asombrosa para ignorar las maravillas de la naturaleza hasta que se mueven. Y ahí aparecen los delfines. Zarpa desde el puerto de Puerto Rico y, en media hora, probablemente verás grupos de delfines saltando junto al barco como si estuvieran haciendo una prueba para un concurso de talentos marinos.
La cara que pone cualquier peque cuando un delfín sale a la superficie tan cerca que puede salpicarle vale cada euro. Las excursiones suelen durar un par de horas: lo justo para emocionarse sin que los hermanos se amotinen. Lleva sombreros, crema solar y algo para picar, a menos que te apetezca pagar precios de crucero por una bolsa de patatas fritas.
Parques temáticos de lo más refrescantes
Si el mar te parece demasiado tranquilo, sube el ritmo en Aqualand Maspalomas, un parque acuático que es, en esencia, la infancia embotellada en forma líquida. Hay toboganes altísimos para los más aventureros y zonas de juegos acuáticos más tranquilas para los pequeños. Si prefieres algo más relajado, disfruta de un apacible paseo en flotador por el serpenteante río Pirata.
Después, ¿por qué no probar el Sioux City Park? Este parque de aventuras ambientado en el Lejano Oeste incluye vaqueros, tiroteos en salones y espectáculos de equitación. Es deliciosamente hortera, pero a los niños les encanta ese mundo de ficción donde ruedan las bolas de heno y los sheriffs siguen mandando.
Y luego está Palmitos Park, la respuesta de Gran Canaria a un zoo de safari combinado con un jardín botánico. Encontrarás de todo, desde monos hasta suricatas, además de un delfinario. Ver a los guacamayos hacer acrobacias aéreas mientras sostienes un helado que se derrite más rápido que tu paciencia es un rito de paso para padres y madres, y, de algún modo, también forma parte de la diversión.
Montañas y pequeñas aventuras
No olvidemos que Gran Canaria no son solo playas y parques temáticos. Es un continente en miniatura comprimido en una isla, lo que significa que hay aventuras más allá de la arena. Un viaje en coche hacia el interior descubre montañas escarpadas, pinares y pueblos donde parece que el tiempo se ha quedado dormido.
El Roque Nublo, un imponente monolito volcánico, es ideal para una excursión en familia. El recorrido es asequible (alrededor de una hora por trayecto) y la recompensa —una vista panorámica que abarca desde cumbres coronadas de nubes hasta una costa resplandeciente— basta para dejar callado hasta al adolescente más cínico. Aunque solo sea durante unos minutos.
Cultura sin poner los ojos en blanco
Proponer una visita «cultural» en unas vacaciones en familia suele provocar quejas audibles, pero Gran Canaria tiene algún que otro as en la manga. El Museo Elder de la Ciencia y la Tecnología, en Las Palmas, es un acierto. Sus exposiciones interactivas hacen que nadie tenga que oír «no toques» o «limítate a mirar». A los niños les encantará manejar un brazo robótico, mientras los adultos descubren los entresijos de un lanzamiento espacial simulado. ¿Educativo? Sin duda. Pero no se lo digas a los niños.
Si te apetece algo más antiguo, ve al Museo y Parque Arqueológico Cueva Pintada, en Gáldar. Allí, pinturas rupestres centenarias revelan cómo vivían los antiguos habitantes de la isla. La visita guiada es breve y amena, y dura lo justo para mantener la atención de los niños antes de que vuelvan a pensar en helados.
Comida para que todos sonrían
Los niños y la experimentación culinaria suelen llevarse tan bien como los gatos y los baños de burbujas.
Por suerte, la gastronomía de Gran Canaria puede satisfacer hasta los paladares más exigentes. Además de tapas y pescado fresco, encontrarás pizza, pasta y hamburguesas en abundancia.
Preséntales poco a poco las especialidades locales con unas papas arrugadas, pequeñas patatas saladas que se mojan en mojo. En el fondo, son patatas fritas disfrazadas y casi nunca fallan. Los churros, por su parte, son el soborno azucarado al que cualquier madre o padre recurre en secreto cuando decae el entusiasmo por las visitas turísticas.
Entretenimiento por la noche
Las vacaciones en familia no tienen por qué acabarse cuando se pone el sol. En complejos turísticos como Maspalomas y Meloneras se organizan minidiscotecas donde los pequeños pueden bailar canciones que tú seguirás tarareando en el vuelo de vuelta.
Para los niños mayores, los paseos marítimos ofrecen artistas callejeros, mercadillos y el tipo de entretenimiento que supone observar a la gente, con un helado en la mano.
Si tus peques aguantan despiertos hasta tarde, plantéate una salida nocturna para observar las estrellas. En las montañas, lejos del resplandor de los neones, el cielo se llena de estrellas. Observar los anillos de Saturno a través de un telescopio seguro que consigue que la mayoría de los niños se queden inusualmente callados y puede que incluso se convierta en lo mejor de sus vacaciones.
En resumen
Entonces, ¿Gran Canaria es un destino para familias? Digámoslo así: es uno de esos raros lugares donde puedes chapotear, conocer a un loro, montar como un vaquero y aun así volver a tiempo para comer churros. La isla ofrece planes para los niños sin esfuerzo y suficiente variedad para que los padres no sientan que están atrapados en un bucle infinito de guardias en el parque infantil.
¿Lo mejor? Da igual si te gusta construir castillos de arena, avistar delfines, buscar emociones fuertes o escaquearte de la cultura: Gran Canaria ofrece grandes dosis de diversión y aventura para todas las edades.
Y si nada de eso funciona, siempre quedan los helados y los churros.